jueves, 3 de octubre de 2013

La conjura de los necios

Concluía ayer una nueva jornada de Champions, en la cuál tendría ocasión de resarcirse el Real Madrid tras los malos resultados cosechados en las últimas fechas. Vimos una primera parte poco productiva, y una lúcida segunda mitad con una buena actuación en general del conjunto blanco, aunque sin excesos.

Desde el minuto 1 surgió una pregunta en la mente de todo madridista. ¿Jugamos en Copenhague?. Los cánticos apasionados de los daneses imbuían el Santiago Bernabéu ante unos tímidos silbidos del piperío que prefiere centrar sus alientos en sonidos agudos antes que alzar la voz, lo que supondría una deshumanización patente, ya sabe usted... No me olvido que los de siempre contrarrestaban en la medida de lo posible la fiesta que habían montado los aficionados del equipo rival en el tercer y cuarto anfiteatro del fondo norte, pero la diferencia numérica, incluso en casa, es inapelable.

No voy a centrarme en la excelsa filosofía pipera, y su adicción a cuadrar su trasero en el asiento y mantener las cuerdas vocales bien relajadas, que ya tuve ocasión de describir en otra entrada. Continúo preguntándome si en algún momento, el de los galácticos considerará como primordial objetivo revertir una situación que ocasiona un grave desprestigio a la institución. No pude evitar el cabreo que me produjo ver los precios contra los segundones de la ciudad. Para no desesperarme antes de tiempo, observé el importe más bajo. 70 euros. No creo que haga falta entrar en más detalles. Mientras tanto, en Alemania la media de las entradas más baratas no supera los 10.

Ello explica que, pese a esperarse un ambiente de gala, la animación en el derby fue más de lo mismo en general, y la de ayer, juzguen ustedes.
A que espera este hipócrita que tenemos como Presidente a ser consecuente con sus palabras y facilitar la entrada a tantos que lo consideran ya un sueño que roza la utopía.

Llegamos al momento clave de la noche. Cuando el partido estaba llegando a su fin, el Copenhague consigue llegar a la meta de Iker Casillas, que primero con una buena cobertura evita el gol y después saca una mano que hace lo propio. Claro está que hay que obviar, tanto en los medios, como los 'aficionados', que las ocasiones del equipo danés fueron producto de sus maravillosas salidas, en las que su salto queda a un metro del rematador, y que, si no llega a ser por Modric, hubiéramos visto un 1-1 en el rótulo.


Tras esta hazaña sólo digna de un santo top...(ruego mis disculpas, las costumbres del oficio), se levantó el pequeño reducto de Facundo para aclamar al capitán, al que nos ha dado todo, al campeón dermundo y Duropa, esos mismos que pitaban a Benzema al salir del campo, que, estés o no de acuerdo con su esfuerzo o su juego, el lema de 'no pitar a un componente del equipo' debería cumplirse a rajatabla. "Vuelve el Santo" rezan algunos titulares. No sé si ayer asistí al levantamiento del 2 de Mayo o a una simple parada de un chivato. Espero que el lector lo tenga más claro que yo, ya que no consigo distinguir si la revolución exitosa fue contra aquél emperador francés o contra el que apareció por cuadruplicado en el Fondo Sur.

Me descojonaba yo sólo viendo a dos ultras de los frutos secos con sal embravecidos alabando a su ídolo de hojalata que le faltaba poner el producto en su mano como aquélla vez en Instagram para demostrar la inmundicia y necedad de los que coreaban Iker Iker.






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